Todo parece indicar que el New York Times tiene una campaña continua contra el bitcoin. Aunque tienen la oportunidad para escribir un artículo equilibrado, no es la primera vez que dejan de hacerlo. Los que deja muchas molestias a la comunidad criptominera.
El autor del nuevo artículo informa una historia positiva de minería de bitcoins tras otra, mientras mantiene una actitud presuntuosa y sugiere que todo es un movimiento de relaciones públicas.
El título resume la postura del New York Times: “Los mineros de Bitcoin quieren reformularse como ecológicos”.
Contextualicemos
Antes de ahondar en la nota, aquí va una historia rápida para poner un contexto:
El principal experto en el consumo de energía de bitcoin, Nic Carter, publicó un informe exhaustivo sobre la minería. Entre otras cosas, contenía datos concretos que mostraban hasta qué punto China estaba minando utilizando energía hidroeléctrica.
Pero los principales medios de comunicación lo han ignorado en gran medida. La línea del partido era que no debía confiar en las estadísticas del gigante asiático. Y que el país probablemente estaba quemando cole.
China prohibió la minería de bitcoin hace un tiempo y el hashrate de bitcoin se reubicó, se recuperó, mientras que la red funcionó perfectamente en todo momento.
La mayor parte de la industria minera de China se trasladó a países con abundancia de energía verde.
La publicación
¿Qué publicó el New York Times? Un artículo llamado “China desterró las criptomonedas. Ahora, la ‘minería’ es aún más sucia”, allí afirmaban que los mineros chinos estaban usando energía hidroeléctrica y, por lo tanto, usaban energía más limpia.
¿Qué dijo el New York Times sobre la minería de Bitcoin esta vez? El artículo comienza presentando a Argo Blockchain, para luego sostener que la compañía está construyendo una nueva instalación que “sería alimentada principalmente por energía eólica y solar”.
Citan a Peter Wall, CEO de Argo, diciendo: “Este es el nirvana de la minería de Bitcoin. Miras a lo lejos y tienes tu energía renovable”. Pero en dos párrafos después, el New York Times comienza a dar información y números erróneos.
“Una sola transacción de Bitcoin ahora requiere más de 2000 kilovatios-hora de electricidad, o suficiente energía para alimentar a un hogar estadounidense promedio durante 73 días, estiman los investigadores”, indicó la cita.
Por supuesto, esas afirmaciones provienen de Digiconomist, un investigador ampliamente desacreditado que resulta ser un empleado del Banco Central holandés.
“El uso de fuentes de energía verde en la red Bitcoin también se redujo a un promedio del 25 por ciento en agosto de 2021 desde el 42 por ciento en 2020. (La industria ha argumentado que su uso promedio de energía renovable está más cerca del 60 por ciento). Eso es en parte el resultado de la represión de China, que cortó una fuente de energía hidroeléctrica barata”, detalló este informe.
Además, mencionan a Alex de Vries, otro de los autores del estudio, completamente fuera de lugar. “Lo que va a hacer un minero si quiere maximizar la ganancia es poner su máquina donde pueda funcionar todo el día”.
Cuando es sabido por todos los que se dedican a minar que la energía es su mayor costo. La fuente más barata posible es la energía que actualmente se desperdicia. Ese debería ser el verdadero escenario.
Más historias
The New York Times incluso cita a Paul Prager, CEO de TeraWulf, diciendo que “todos con los que hablo ahora hablan de neutralidad de carbono. El lenguaje ha cambiado absolutamente”. Y luego, el periódico difunde las buenas noticias.
“TeraWulf, se ha comprometido a operar minas de criptomonedas utilizando más del 90 por ciento de energía sin carbono. Tiene dos proyectos en proceso: una planta de carbón retirada en el norte del estado de Nueva York alimentada por energía hidroeléctrica y una instalación de energía nuclear en Pensilvania”, agregó el impreso.
Ninguna de estas historias se celebra, porque se presentan a los lectores cínicamente como trucos de relaciones públicas.
Luego, es hora de Sangha Systems, que “reutilizó una antigua acería en la ciudad de Hennepin. Sangha está dirigida por un ex abogado, Spencer Marr, quien dice que fundó la empresa para promover la energía limpia. Pero aproximadamente la mitad de la energía de la operación Hennepin proviene de combustibles fósiles”.
Ese es el peor ejemplo que el New York Times pudo encontrar. Una persona que “fundó la empresa para promover la energía limpia” pero tuvo que hacer un compromiso para iniciar su negocio.
Para cerrar el artículo, el autor nos lleva de vuelta a Argo Blockchain e intenta sacar algo similar. Al parecer, el director general “no puede garantizar que el nuevo centro de Argo no tenga huella de carbono. Eso requeriría pasar por alto la red y comprar energía directamente de una compañía de energía renovable”.
Y luego, lo vuelven a citar. “Muchos de esos productores de energía renovable todavía son un poco escépticos con respecto a las criptomonedas. Los criptomineros no tienen los perfiles crediticios para firmar acuerdos de 10 o 15 años”, finalizó.
Entonces, Argo realmente lo intentará, pero no es posible en este momento por razones comprensibles. Y toda la industria se está moviendo hacia un camino más verde porque los incentivos están alineados de esa manera.